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La otra cara del miedo.

Escrito por mentefeliz 05-11-2016 en FELICIDAD. Comentarios (0)

¿Qué harías si no tuvieras miedo?, ¿Con quien estarías? ¿Cómo sería tu vida? ¿A cuántas cosas has renunciado por miedo a fracasar o a ser rechazado? ¿Qué quieres hacer con tu miedo? …

Con miedo o sin miedo todos vivimos la vida que hemos elegido vivir; no salgamos con el cuento de que “me tocó vivir”.  El miedo y el amor forman parte de nuestras vidas a pesar de que hemos sido más entrenados para temer que para amar; incluso hoy, que se han incrementado los niveles de consciencia, que se supone estamos más preparados, instruidos, con unos niveles de formación y preparación más altos… el miedo sigue siendo el hilo delgado entre movernos o paralizarnos.

Recuerdo desde niño frases como: “pórtate bien o te llamo al coco” “…me llevo el balón” “le digo a mi papá” todo esto va creando un patrón en nuestra vida de niño y se replica en la vida adulta con frases como “no soy capaz” “yo no nací para esto” “no le va a gustar” “estoy seguro que no voy a poder”; creencias irracionales que llaman los psicólogos.

La buena noticia es que los seres humanos tenemos la capacidad de “borrar el cassette”. ¿Recuerdan que cuando niños jugábamos a grabar canciones en los cassettes y los borrábamos una y otra vez?; pues eso podemos hacer con nuestra mente si nos lo proponemos. Piensa que abres la nevera y sacas un limón; lo partes en dos, le echas sal y hasta te chupas los dedos al mismo tiempo que lo exprimes en tu boca y cada gota toca tu lengua poco a poco… ¿Se te hizo la boca agua? Esto es una prueba de que la mente la llevas a donde la quieras llevar porque no hubo tal limón y tal sal, pero lograste salivar. Así como amar es una decisión, enfrentar los miedos es también una decisión. Hay que romper con todos esos paradigmas y procurar vivir intensamente el hoy con miedo o sin miedo; lo único que hay que hacer es aceptar que todos sentimos miedo porque es un proceso natural, punto.

El fracaso es uno de los miedos más comunes porque supone perder lo que se ha conseguido y lo que hoy le denominan  “Síndrome de la felicidad aplazada” que hace que las personas dejemos de disfrutar las cosas que conseguimos hoy por pensar en un incierto mañana. Gracias a los fracasos, errores y desaciertos que el ser humano ha experimentado en la vida, hoy tenemos el mundo que tenemos. No temas asumir riesgos y permítete intentar.

Otro miedo muy común es al rechazo, sustentado en la necesidad de ser querido. El miedo al rechazo nos induce a potenciar relaciones tóxicas basadas en el control y en la dependencia mutua; relaciones que provocan mucho sufrimiento porque intentan permanentemente agradar para no ser rechazados, lo cual es gravísimo porque perdemos autenticidad y capacidad de goce. Ambos miedos nacen de miedos más profundos relacionados con el miedo a ser como soy y el miedo a la libertad. ¿Y si te mueres hoy, habrá valido la pena alimentar un miedo que sólo hace parte de una emoción básica que es necesario moverla como cualquier otra?

En definitiva, cuando sientas miedo siente que estas vivo y que el cerebro te está alertando para que tomes impulso y salgas a volar …


El paracaídas de la Felicidad...

Escrito por mentefeliz 05-11-2016 en Coaching. Comentarios (0)

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El uso del paracaídas tiene diversos orígenes según la cultura que se trate. Los chinos dicen haber usado el paracaídas como una variación de la cometa o para enviar información de una cometa de un lado a otro de un río. Los franceses (que dicen haberlo inventado) lo usaron durante siglo XIX como elemento de seguridad para aquellos que ascendían en globos aerostáticos. Algunos aseguran que el primer paracaídas práctico fue inventado en 1783 por Louis-Sébastien Lenormand con el propósito de ayudar a escapar ilesos de un edificio en llamas a las personas que allí se encontrasen, probando su efectividad en público el 26 de diciembre de 1783. El primer uso del paracaídas en forma masiva que mostró su efectividad en el campo militar fue utilizado sobre la isla de Creta el 27 de abril de 1941 por fuerzas aerotransportadas alemanas (unos 10.000 soldados fueron lanzados).

Gabriela sale a enfrentar el mundo con un buen paracaídas; sobre todo, porque cada mañana viene con la posibilidad de lanzarse y sentir ese mismo vacío que produce enfrentarse con los fantasmas que a veces rondan en su mente. Por eso es que es muy importante estar preparado para el "salto", dice. Por ejemplo, es clave tener una buena condición física, estar muy liviano, mantener una temperatura adecuada y, una buena actitud definitivamente. A veces salimos, dice Gabriela, sin tener estas precauciones básicas, lo cual hace que la mayoría de las veces el miedo nos paralice acotando la posibilidad de "saltar".  Cada mañana es una aventura que debes asegurarte de muchas cosas porque se trata de tu vida, de tu sueño y el de muchos de tu entorno. A ella le dicen dizque "la paracaidista feliz" porque desde que se metió en el cuento de la Psicología Positiva, anda con la amígdala en su mochila viviendo intensamente cada una de sus emociones y experimentando en cada una de ellas la maravilla del aprendizaje. Dice que esa mochila le permite estar muy liviana y con absoluta conciencia para cualquier salto que se atraviese. El otro día me contó que en uno de sus "saltos" en paracaídas, encontró un globo de helio con una carta colgando; de esas que lanzan al infinito como rituales de "dejar ir", y no aguantó la tentación de cogerla para leerla cuando aterrizara. No veía la hora de estar a salvo para sorprenderse de la nota y encontrarse con la sorpresa de que fuera la que ella había lanzado hacía algunos meses atrás; es que era la misma bomba y la misma carta con la decoración que le había hecho. 

Gabriela era muy inquieta y amiga de todas las cosas que le generaran sorpresa. Cuando estuvo a salvo, se detuvo y pensó en que muy seguramente alguien había lanzado esa bomba con la ilusión de que, al soltarla para siempre, su dolor se iría también. Como andaba en el cuento de la Psicología Positiva, se le ocurrió que lo mejor era leerla y buscar un aprendizaje que muy probablemente la vida le había puesto en su camino. Se sentó en un parque de esos donde los adolescentes se olvidan del mundo y los ancianos intentan apegarse, porque de alguna manera sentía que nos estaba haciendo lo correcto, por lo cual quería estar sola. Miró hacia todos los lados y por fin abrió la carta: " Hoy te dejo ir porque llevas alojado en mi hipocampo muchos años saboteando mis pensamientos y aprisionando mi respiración sin la menor consideración. Te dejo ir porque al fin he aprendido que las cosas no son lo que nos sucede sino lo que decimos de lo que nos sucedió. Te dejo ir porque he aprendido que somos esclavos de nuestros pensamientos y estoy segura de que mi espalda se alivianara cuando mis pensamientos transformen ese recuerdo en una bomba diluida en el cielo". Gabriela seguía leyendo y sus lágrimas eran cómplices de esa extraña emoción que da enfrentarse con sus propios miedos ...

Gabriela salió corriendo con una alegría tan grande que hinchaba su amígdala casi a reventar su mochila; dio el salto más profundo que jamás había hecho en toda su vida. Ya en el cielo, cerquita de Dios y con los fantasmas congelados como una paleta, sintió una paz tan enorme que se tiró la cobija encima y siguió durmiendo.