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La Psicología Positiva de Doña Elvia.

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Hasta que por fin logré que Doña Elvia me regalara 5 minuticos para conversar con ella. Siempre, después del cafecito de la mañana, me evadía con su acostumbrada sonrisa cada vez que le decía: ¿“Cuándo nos vamos a sentar?”. Me daba curiosidad su historia porque estaba seguro que detrás de ella se guardaban muchos aprendizajes. Doña Elvia es una señora hermosa que la vida le ha dado unas lecciones que da gusto y esperanza escuchar la tranquilidad y frescura con que las cuenta; ¡claro!, es que a sus 75 años han pasado muchísimas cosas y puedo leerlas en su mirada, en su sonrisa y hasta en cada una de sus finas arrugas que le marcan su rostro. Dice que le hace mucho bien salir los fines de semana al campo porque le recuerda su pueblo San Cayetano, en Pacho Cundinamarca, de donde es oriunda.

Madre soltera, de las guerreras, que con sus nietos Natalia y Jonathan vive en un modesto apartamento al sur de la Bogotá, que hartas piedras y lágrimas le sacaron, mientras su hija Sandra Patricia se debate en su día a día en Chía con otra historia. Trabajó durante 30 años en un almacén de calzado que terminó con la muerte de la dueña y perdida de sus prestaciones sociales de toda la vida. “Es que yo que le iba a cobra a esa Señora que le dio cáncer, imagínese!, me lo dijo con un tono de una ternura incontrolable. Todos me decían que la demandara y a mí me dio mucho pesar de ella, a mi no me gusta resolver las cosas así”. Dios mío, más enseñanzas me traía Doña Elvia.

".............." Me contó que después entró a trabajar hasta el día de hoy con el Grupo Rey Moreno, del que es socio mi socio en PILIfe, Ernesto Rey Moreno. Otro extraordinario ser humano, que con la historia de Doña Elvia evidencié su lado humano y compasivo por el cual decidí asociarme con él.  

Tengo la fortuna de encontrármela en las mañanas porque su trabajo consiste en consentirnos a todos con un delicioso café y mantener las oficinas limpias con ese olor que agrada sentir antes de encender el computador. Empezamos una conversación relajada no solamente porque puse adrede una música de relajación, sino porque ella, muy bella, accedió a abrirme su corazón, lo cual le agradezco infinitamente. Mi pregunta fue muy directa para dar paso a una conversación profunda: “¿Cuál es el secreto para que una señora como Usted esté trabajando a estas alturas de la vida y se mantenga siempre con esa sonrisa?”. “Pues, hay que hacerle, Don Samuel, porque no me puedo estar quejando, ¿qué gano con eso?, y además yo necesito la plata para seguir sacando adelante a mis nietos y ayudando a mi hija. Esa respuesta la dio con tanta espontaneidad y tranquilidad, que hasta se me aguaron los ojos un poco, para ser franco. Veía a mi mamá reflejada en ella de alguna manera; también está cerca de esa edad y siempre me dice casi lo mismo, pero no desde el punto de vista financiero, sino emocional en su lucha de más de 35 años contra la artritis reumatoidea. Mi mamá, como Doña Elvia me enseñan todos los días. Debo decir que estas historias hacen parte de las permanentes aproximaciones que hago desde la Psicología Positiva, pues la historia de Doña Elvia que les traigo hoy, tiene todo que ver con la felicidad. Me explico: Doña Elvia se declara una mujer feliz a pesar de sus duras circunstancias porque son sus pensamientos optimistas y sus acciones concretas sobre las crisis, lo que han logrado sacarla a flote. 

¿Quién no ha tenido un revés?, entre salir o quedarse está la diferencia. Ya Martin Seligman y otro equipo de expertos, han estudiado profundamente las enfermedades críticas, guerras, abusos sexuales, inmigración y la muerte de seres queridos, entre otros, significando que los individuos que se enfrentan a estas circunstancias experimentan cambios extraordinarios en sus vidas, luego de superar esos traumas.   Además, estos estudios enfatizan que las experiencias de crecimiento a raíz de acontecimientos traumáticos son siempre mucho más numerosas que los informes sobre trastornos psicológicos tras el trauma. En otras palabras, se evidencia que en momentos difíciles tenemos la capacidad de florecer en lo mejor de nosotros y salir adelante.

Doña Elvia me miraba inquieta mientras escribía todo lo que me llamaba la atención y mientras tanto, ella seguía contándome sobre sus años a blanco y negro sobre lo que le sucedió, pero también ame cuando matizaba con bastante precisión y alegría cuando me hablaba de su hija Sandra patricia y de sus nietos, Jonathan y Natalia. Sus cálidos ojos color miel divagaban entre la tristeza y la alegría.  Muchas emociones en pocos minutos!, y Doña Elvia en medio de su afán por seguir con su desfile de tintos, de alguna manera quería ser escuchada y quizá con un extraño como yo, alivianar esos bultos que lleva en la espalda con una pequeña conversación sincera. Emocionado con su historia y queriendo explorar un poco más esa mirada, le dije: “regáleme 5 minuticos más, por fa”. Con una tímida sonrisa, me asintió como “hágale pues que me tengo que ir.”. Me lancé con otra pregunta: “¿Cuál cree que ha sido su mayor fortaleza para salir delante de todas esas cosas dolorosas que me ha contado”? Ella sin dudarlo y levantando ligeramente sus hombros, me contestó que la resignación y el trabajo. “Es que uno no se puede quedar ahí Don Samuel, aunque sea uno vende tintos, bolsas o lo que sea”. La miré con los ojos bien abiertos que parecían luces de Volkswagen y seguidamente me puse la mano en el mentón para escucharla atentamente. Me llamaba mucho la atención que utilizara la palabra “resignación”, pues cuando una persona se resigna, significa que acepta una situación y deja de luchar contra ella o de buscar soluciones: Eso no tenía nada que ver con las garras, el tesón, la lucha, la pasión, la sabiduría, la paciencia, la inteligencia y todo los etcéteras con los que había salido adelante hasta hoy que aún sigue respondiendo por su hija y sus nietos. Nuestras miradas estaban muy compenetradas en este pedacito de la historia que francamente me desgarró el corazón. “Mi vida fue un infierno entre los 18 y los 30 años que hasta quise suicidarme porque ………………”. Hubo un silencio profundo y lo aproveché para tragar saliva y tomar un poco de agua. Intuí que había sido una decepción amorosa y que Sandra Patricia tenía que ver con ello: Tenía razón. Siguió con la historia y esta vez se le notaba el dolor en su postura. "......................, imagínese, es que no ha sido fácil". Este señor y el ex esposo de su hija que seguramente el universo les está respondiendo, le hicieron la vida de cuadritos a Doña Elvia, pero no lo suficiente como para tumbarla. ¡Qué admiración siento por ella!

“Ahora si me voy”, dijo ya apenada, no sé con quién, y sólo atine a decirle que muchas gracias por haberme enseñado y por haberme permitido entrar en su hipocampo y cruzarlo con el mío (sólo yo sabía de qué hablaba), y finalmente, que por favor me permitiera darle un abrazo. Doña Elvia, con su acostumbrada sonrisa y los hombros medio alzados, me dijo: “bueno”.  Doña Elvia, tímida y en el fondo queriendo amarrar sus brazos en mi espalda, me abrazó ligeramente y yo la abrace muy fuerte con un beso en su cabeza, ya teñida de blanco. Fue uno de esos abrazos que uno realmente quiere tener todos los días y a toda hora. “Ahí lo dejo, que siga con su cuento de la felicidad", dijo con una sonrisa de “ñapa” y cruzando la puerta de mi oficina. Yo me quedé muy pensativo y feliz con ese regalo de la mañana. 

Realmente amo lo que hago porque en cada historia corroboro que la Psicología Positiva, como campo de estudio, está revolucionando el mundo de las personas y organizaciones que le apuestan a la felicidad humana. En definitiva, ser feliz es vivir el hoy con todo lo que traiga haciéndonos cargo de ello,  y con la certeza de que haciendo haciendo uso de nuestras mayores fortalezas, cultivando las cosas que funciona en nosotros, podremos aproximarnos a la sencillez y calidad humana de Doña Elvia. No me quiero imaginar si Doña Elvia hubiera recibido entrenamiento.

Samuel Arias Calero / sarias@pilife.co / @pilifecol 


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